Oración y mutación
Arturo Cruz Flores
Doña Macaria había
llegado a la casa marcada con el número 666, le habían dicho que doña Luzma era
impresionante, que era eficaz y con un gran poder de sanación, le dijeron eso y
otras cosas que ella no sabía si creer o seguir la corriente de esas historias.
Luzma había tenido
problemas, encontró tierra negra en la puerta de su casa, y hasta veladoras
quemadas en la banqueta pero del lado de su casa, su situación económica está
en crisis y sin contar de los problemas familiares que han sucedido uno tras
otro.
Sí el número de la
casa 666 de la curandera le hacía pensar que el destino trabajaba de manera
misteriosa.
Era extraño o a lo
mejor Macaria cambió el número a propósito.
Eso le había
comentado su hijo, Raúl quien era bien escéptico de las limpias y de los
brujos, nunca creía nada, hasta que esa vez una señora hechicera le bajó la
terrible fiebre que casi lo mataba, y usando una vela blanca y sus manos, curó
al escéptico joven.
La mente de Luzma
regresó al presente, hacía calor y tenía sed, pero ya estaba en la casa de la
calle Bugambilia en la colonia Mártires de la Noche, número 666 como le habían
indicado, tocó el timbre y en breves momentos, una señora de edad avanzada
abrió la puerta, la saludó.
_ Bienvenida señora
Luzma, la estábamos esperando
Señaló la mujer, le
dijo que se llamaba María, le abrió la puerta y la dejó pasar, la acompañó
hasta una sala adentro de ese domicilio, que tenía revistas viejas, y una
pantalla de televisión, que estaba prendida, ahí estaban transmitiendo la
película del Exorcista, tiempo después Luzma se enteró que era la película
favorita de la hechicera.
La cita se había
concretado a las 6 horas de la tarde, pero se prolongó el tiempo de espera,
Macaria trabajaba con una señora que al parecer había sufrido una posesión
espiritual, y se habían manifestado esas entidades, al menos Luzma escuchó tres
voces diferentes que como si fueran tres enormes demonios salieran esas voces
de la paciente.
Macaria estaba sola y
con la señora que la ayuda siempre, a Luzma le pareció pertinente entrar y
ayudara la curandera, así Macaria le agradeció el gesto y entre las dos la
dejaron sentada.
Era la primera vez en
toda su vida que Luzma veía a un ser humano poseído por las fuerzas de las
tinieblas.
Macaria tenía
experiencia, durante muchos años cuando empezó a trabajar en territorios
sobrenaturales, hizo exorcismo y limpias en diferentes pueblos y regiones del
país, su trabajo era efectivo e inclusive la iglesia mexicana la había
contactado para que le ayudar en ciertos casos donde esos hombres de fe no
podían trabajar.
Macaria sabía lo que
hacía
Por fin logró
que tres entidades del bajo astral que estaban en esa señora dijeran sus nombres,
pero se negaban como era obvio, a salir.
Pareció peculiar a la
hechicera, que los tres demonios dijeron que eran generales de la revolución
francesa, que fallecieron asesinados por un espía y traidor de su país, ella
estaba fascinada con esos comentarios, pero sabía bien que no podía entablar
una relación ni platicar mucho con ellos, debía actuar de manera fuerte, rápida y concreta, así que agarró un crucifijo
de color negro hecho con obsidiana, y una botella en la que tenía agua bendita.
Pero la hechicera
sabía que mentían, siempre lo hacen, su maestra se lo había dicho cuando ella
recién iniciada en estos artes aprendía, y en muchas ocasiones le había pasado,
su sensibilidad además le hacía pensar y reflexionar que no decían la verdad,
pero eso sí, ella debía de saber el nombre de lo contrario no podría rescatar a
su paciente.
Pero ninguno de ellos
decía nada, y las manifestaciones eran intensas, idiomas extranjeros,
diferentes tipos de voces, se escuchaba que salían de ella, de la paciente, y
sin mencionar que la habitación había cambiado su temperatura, el frio, la
escarcha, y algo de hielo ya estaban en varias partes de la habitación de las sanaciones.
Y la hechicera
Macaria le pidió a Luzma la cajita de terciopelo rojo, ahí adentro había un
libro pequeño, de bolsillo, era un libro de oraciones poderosas y de
exorcismos, y le dijo lee la página 14, ahí estará el Salmo de la Consagración,
Luzma comenzó su lectura con la voz más fuerte que pudo, con el volumen más
alto que pudo.
_ Señor la luz
universal eres sobre las Tinieblas y Penumbras.
Pasaron unos
instantes, y Luzma rezó fuertes oraciones, y la señora poseída se fue calmando,
y bajó su nivel de posesión, y la señora Macaria se acercó a Luzma, y también
se puso a rezar y a orar con fuerza, luz espiritual pidieron y decretaron.
Cuando las cosas se
calmaron Macaria acomodó a su paciente
la dejó en un sofá donde podía descansar un poco, las fuerzas extrañas que le
habían dominado la conciencia ya no estaban ahí.
__ Gracias por
ayudarme Luzma, pero ahora sí, estoy a tus órdenes, podemos empezar a trabajar
contigo.
_ Gracias, pero me
esperan en casa, ya sé cómo dominar a esas fuerzas oscuras que agobian a mi
hogar.
Y entonces Luzma se
alejó de la habitación de sanaciones y dejó un billete de doscientos pesos sobe
la canasta de propinas, donde se acostumbraba a dejarle un pago a Macaria, y
salió de la casa marcada con el número 666, en la casa de la calle Bugambilia
en la colonia Mártires de la Noche.