Escritura
Automática
Arturo Cruz Flores
Ana Luz era una artista había dedicado su
tiempo a pintar, escribir, dibujar, y tenía una facultad de estética muy bien
desarrollada en cada trabajo que desempeñaba, y le gustaba a la gente ella
consideró viable dedicarse por siempre a ello, no estaría en una oficina 8
horas diarias, estaría así en un taller trabajando el tiempo que ella decidiera
o la inspiración lo permitiera.
Trabajó bien durante años, pero otra de sus
pasiones eran muchos de los temas sobre el universo de lo oculto del esoterismo
que conoció a través de su madre, de su abuela y de su padre, un reconocido
médico de tres instituciones de investigación molecular, donde él trabajaba
desde hacía varios años buscando varias curas para varias enfermedades y que
estaba por conseguir logros bastante importantes.
Pero su familia siempre tuvo interés por lo
oculto, lo esotérico, Julieta y Monique recordaron durante un instante, cuando eran pequeñas, las charlas que la mamá
de Ana Luz tenía en la sobremesa, después de almorzar los fines de semana
cuando iban a su casa a jugar y a hacer tareas del colegio, y entonces las
historias se dejaban vivir.
La primera vez que Ana Luz escuchó sobre la
Escritura Automática fue en la escuela de la secundaria donde asistió los tres
años continuos, ahí un profesor había comentado que era una técnica de
redacción para que la mente se libere las emociones salgan y se proyecte el
subconsciente del ser humano se dispare.
Los surrealistas habían hecho muchas pruebas,
muchos experimentos, y había algunos registrados en algunas revistas de arte
especializadas.
Y estaba decidido, Monique y Julieta
detallaron con su amiga todo aquello que hubiera necesitado, las tres
estudiaron las técnicas correctas para llevar el estado de vigilia al dormir
profundo, para quedarse en un estado de conciencia alterado, pero en esta
ocasión como ellas lo decidieron sería sin el uso de ninguna sustancia,
confiarían en los procesos de meditación.
Ana Luz tenía todo listo, hijas en blanco,
plumas, lápiz, de todo tenía para escribir en su escritorio, para trabajar,
para dejar todo listo las tres jóvenes apoyaron al proyecto, como buenas amigas
serían leales, y estarían juntas y unidas, hasta el último minuto que terminara
de redactar la última palabra sobre el papel, la inquieta Ana Luz, quien además
no había dejado de prepararse mentalmente desde que pensó en hacer este
experimento.
Día tras día, su mente trabajaba en romper
las barreras de la conciencia, e irse hacia adentro de ella, una meditación un
trabajo mental donde navegaba hacia dentro de sí, eso durante dos meses de
entrenamiento, había logrado grandes avances.
Aunque a bien no sabían si después del
momento de ensoñación cual sería el momento en que entraría la Escritura
Automática, habría que esperar, lo que viniera desde dimensiones espirituales
desconocidas.
“La escritura automática es el proceso o
resultado de la escritura en el cual no interviene el proceso intelectual. Esta
una forma de hacer que aflore el subconsciente y consiste en colocar el lápiz
sobre el papel y empezar a escribir, dejando aflorar los pensamientos sin
ninguna coerción moral o social ni de ningún tipo. En ocasiones se realiza en
estado de trance, aunque no es necesario llegar a este nivel de desconexión del
consciente”.
Decía la frase de uno de los libros donde
había investigaciones sobre esta estrategia. Monique y Julieta habían estudiado
los conceptos y algo de la anatomía de este desarrollo y encontraron además que
se abrían portales, sabían que las energías electromagnéticas elevaban su poder
de vibración, sabían y conocían que todo podía suceder, sabían y conocían que
era una dimensión inexplorable.
Ana Luz se quedó en su escritorio Monique
encendió la vela blanca, mientras que Jaqueline tocó esa campana budista de oro
y plata para armonizar el lugar, para que la casa estuviera en una vibración de
equilibrio.
Ellas sabían de eso, habían leído, habían
encontrado libros de esoterismo, de filosofía china, oriental, magia,
espiritualidad.
Estaban en otro nivel y era momento de
manifestarlo.
Ana Luz meditó, y su mente puso en armonía,
miró la luz de la vela hasta que su respiración la comenzó a desplazar a otra
dimensión, la comenzó a desplazar a otro punto de existencia que no era este,
la ceremonia había comenzado, aún se escuchaban las tonadas de las campanadas,
que Jaqueline tocaba con espacio, debía ser así, contar tres segundo durante
tres instantes, de tal manera que fueran 9 números, 3 tiempos, 3 de tocadas de
campana, tres silencios.
Jaqueline acomodó las hojas blancas cerca de
Ana, también los marcadores sin tapa, nada debía de obstruir el proceso de esta
escritura y entonces debían facilitar todo, la médium estaba ya en proceso
donde su conciencia había brincado a otro plano de vibración, ella salió por un
portal cuántico, aunque su cuerpo físico se quedó ahí en el escritorio.
Estaban al pendiente, Jaqueline y Monique
tomaban anotaciones, veían el cuerpo de su amiga tranquilo, sin movimiento más
que algunas reacciones normales, y de pronto sucedió que Luz tomó una pluma y
las hojas y comenzó a escribir, Jaqueline tenía una cámara de video que estaba
en un tipie con la que documentaban todo lo sucedió, para estudio posterior.
Entonces Ana Luz escribió y escribió, las
hojas fueron pasando de un lado a otro, sin abrir los ojos la escritora pasaba
hoja tras hoja, hasta que se contaron 10, y entonces en la hoja número 11 se
detuvo, y las dos amigas con ojos asombrados, sintieron que la temperatura en
la habitación disminuía de una manera considerable, se notaba y sentía el frío.
En un determinado momento, Ana Luz, Jaqueline
y Monique, estaban y no estaban las tres estudiantes de medicina, se habían
trasladado a otra esfera de existencia, aunque estaban juntas pero ya no
estaban en la misma habitación, el miedo comenzó a dominar a las dos amigas
guardianas y custodias de Ana Luz.
Durante esa estancia de las tres en esa otra
dimensión, Jaqueline agarró la cámara de video con todo y su tipié, y con mucho
esfuerzo caminó cerca de donde estaba su amiga Jaqueline, ahí ya juntas, ambas
se comunicaron de manera telepática.
__Debemos hacer algo, para regresar a casa, a
nuestra dimensión, recuerdo un conjuro, la oración mental de ir a casa.
Decía Jaqueline a Monique, ambas preocupadas
observan alrededor, luces de diferentes colores en el espacio, donde estaban
los muebles, donde estaban las cosas de Ana Luz, no había formas solo
resplandores, y Monique le dijo a su amiga que debían ver el cordón de color
blanco que habían atado a la cintura de la médium.
Controlando sus cuerpos en medio de ese
espacio dimensional desconocido, las dos mujeres trataron de moverse, ahí no es
igual la ley de la gravedad, ni otras leyes, ni los mismos cinco sentidos
físicos reaccionan de la misma manera que en una dimensión de tres planos, y
entonces se movieron como pudieron y llegaron al escritorio.
Había resplandores, no se percibían olores, ni
aromas, en esa dimensión incluso existía una vibración como el ruido de la
televisión cuando se va la señal de cable, y se queda estática, molesto, muy
molesto, y las dos amigas estaban al lado de Ana quien permanecía con los ojos
cerrados, y pensaron que se había quedado aún en estado acrecentado de
conciencia.
Las manos pesaban, como el tratar de mover el
cuerpo, pro la extraña gravedad de esa dimensión, y entonces, Jaqueline alcanzó
el cordón que estaba atado a la cintura de Ana Luz, y lo jaló con las dos
manos, pero grande fue la sorpresa cuando vio que este cordón estaba cortado y
no seguía hacia el cuarto de la durmiente, lo que les dejaba sin un camino
seguro a casa como habían planeado.
Entonces las dos mujeres estallaron en
llanto, y una crisis de histeria se aproximaba en sus cuerpos. En el cuarto de
Ana Luz, su mamá revisaba los escritos casi indescifrables en los textos
finales del texto, apenas pudo entender algo que era como un poema, o un
reclamo que decía:
“Jugar a que uno es hechicero, o alquimista o
mago, no es responsabilidad del cosmos, el que juega esos oficios extraños y
ocultos, encontrará dimensiones de infinita penumbra o de lu infinita, que
pueden generar el temor más increíble en cualquier ser viviente, que se atreva
a ver más allá sin los conocimientos básicos de la alta magia o de los fenómenos
del espíritu intangible”.
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