De las cartas
La gente se enamora al escribir,
Al conocer las intenciones del otro en letras,
El amor se bebe por esdrújulas, o agudas
El amor se bebe con diptongos o triptongos,
Es una locura escribir casi nadie por eso lo
hace,
No todos fluyen sus letras ni menos sus
palabras,
Las palabras fluyen en un torrente de oro,
Se dejan ir, deben tomar vida, en el papel en
blanco.
Hay un momento especial de euforia al iniciar,
Melancolía profunda al terminar, por eso parece
locura
Por eso parece que no todos pueden escribir
cartas
Desde hace mil años el amor se bebe en papel
blanco inmaculado
El amor se bebe se vive, el amor enloquece
cuando se abre el sobre
Cuando se desdobla el papel, y los ojos
comienzan a recorrer
El suave y blanco sendero, donde habitan y
nadan las palabras, la locura ya venía caminando desde antes, ya venía
bailando, ya venía hablando al oído despacito.
La gente se enamora al escribir, sería un
problema si la gente estuviera muerta,
Escribir cartas que van de la razón a la
demencia,
La gente se enamora de escribir, de quien
escribe, de quien recibe las cartas
Es una tradición que aún no muere, que sigue
flotando sobre los escritorios del olvido.
No hay final,
Es como un argumento de una película que no se
va a terminar nunca,
Sería una locura eterna, escribir en un
pergamino que se extienda desde la tierra hacia el infinito, sería una locura,
sí, como el que escribe, como el que lee.
El amor se bebe cada palabra, cada carácter,
cada silencio que habita en el texto
El amor así se bebe, así enloquece uno, poco a
poco sobre la noche, sobre una pesadilla de enamorarse o perder el amor, así se
escriben las cartas.
Casi las cartas de los locos, casi los locos
que enloquecen.
Noche púrpura, de lágrimas púrpuras
Ella lloró su recuerdo
Se colocó en su lugar favorito para llorar,
A un lado de su ventana, sobre sus diarios
y cuadernos que tenía en un escritorio,
Ahí mismo,
Ella se sentó y dejó que la noche púrpura de
lágrimas púrpuras fluyera con suavidad.
Ella pensó que había muerto en el último
pensamiento que le dedicó a él
Fue como una descarga eléctrica, que se fue de
su vientre a su corazón,
Descarga que le dejó sin vida un micro segundo,
ella le gritó ¡lárgate!
Sólo que él no estaba ahí.
Pudo sentir que su corazón se desmoronaba, en
silencio, en partículas
Desaparecía así en la profundidad de la noche,
en la profundidad de la madrugada.
Ella lloró su recuerdo
Una y otra vez, fumó la melancolía que
escuchaba en el interior de sus arterias,
En el interior de sus venas, buscó la manera de
olvidar, y morir.
Se colocó ella en su lugar favorito para
llorar,
En una silla vieja pero le gustaba mucho,
Se sentaba mucho tiempo ahí por las tardes,
Olvidaba relacionarse con otros humanos,
Y entonces ahí lloraba y enloquecía.
Noche púrpura, de lágrimas púrpuras
Sobre un cuaderno escribió su tristeza, sobre
él mismo que escribió de su nostalgia
Siempre caminando sobre la arena del olvido,
Ella escribió sobre su lugar perfecto para llorar.
Pero ese era su lugar favorito,
Ese era el lugar donde la noche púrpura de
lágrimas púrpuras
Gustaba de platicar.
El
final de una noche eterna
El pensamiento de un familiar que ya falleció
Se colapsó esa noche, en esa madrugada antes
del amanecer
Hubo lágrimas, lloramos de manera amarga aun a
la fecha no se han secado muchas lágrimas, entonces falleció, y la locura
llegó, y entonces fue el final de una noche eterna.
Podría morir una y otra vez, y entonces también
le lloraría mucho sobre la madrugada, sobre la noche, ese familiar que se fue,
fue mi padre, y entonces las amargas lágrimas llegaron y nos inundaron sobre la
conciencia, sobre el lamento y sobre todo en la nostalgia de una luz.
No puedo explicar cómo es el silencio que se
queda.
La noche se convierte en un profundo pozo, sin
fondo, en un abismo eterno, continuo hacia un lugar donde no existe nada ni
nadie, así se siente.
En esa noche la respiración veloz se convierte
en un lento andar,
Un movimiento muy suave, la respiración apenas
es sensible, apenas pasa.
La melancolía llena el torrente sanguíneo a
gran velocidad, que se eleva como el humo, que llega a cada rincón de nuestras
moléculas.
Y entonces uno reflexiona, sobre el silencio,
sobre la memoria, reflexionas sobre el destino a donde irán las almas, esas
energías, o lo que sea a parar después de que ha sucedido la muerte.
Y lo piensas y no encuentras respuestas a tus
preguntas hechas diez años después.
Entonces recordé que papá no tenía ataúd, estaba
en una urna, sus diminutas partículas estaban ahí, sí ahí han estado, y ahí van
mis pensamientos, mis oraciones cuando las voy diseñando, cuando voy inspirado
y salen palabras dedicadas hacia el en los finales de e una noche eterna.
No habría entonces ningún pensamiento de más.
No habría oraciones ya cuando la noche
terminara, estaba muy cansado y sólo quería dormir, había llorado mucho, mi
hermana, mi madre y yo, hubiéramos llenado varias galaxias con el líquido que
salió de nuestros ojos, y estábamos ebrios de tristeza.
Por fin terminó la eterna noche, sin embargo a
diez años de distancia aún no terminan de fluir estás lágrimas, de mi hermana,
mamá y mías, con las que podemos llenar varias galaxias.
Finales y pausas
Nunca pensé en culminar, realmente nunca pasó
por mi mente la idea,
Finalizar la respiración,
Finalizar el pensamiento,
Finalizar la voz
Finalizar el hechizo.
No nunca había pensado con tiempo en eso
¿Cómo sería?
Pensar en el caos, pensar en la noche finita,
Finalizar el silencio,
Finalizar la madrugada sobre el suave rocío
nocturno.
Finalizar con los sueños y pesadillas
recurrentes
Finalizar el olvido,
Finalizar la muerte y la nostalgia.
No, no había tomado cinco minutos para pensar
en eso.
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