miércoles, 14 de diciembre de 2016

De La Muerte

De La Muerte
Arturo Cruz Flores

Una mirada que se pierde a lo lejos, la mirada busca en los rincones de la noche
las pupilas dilatan su existencia mientras esta voz que busca hablarte, se queda congelada, mis palabras se fracturan en mil partículas de silencio, y es que no te encuentro ni veo tu esencia, ni puedo oler esa sombra que dejabas cuando caminabas sobre la habitación.

No te encuentro, hay muchos caramelos de papel encima de tu difunto cuerpo, meses y años pasan y no te encuentro, no me acerco ni tantito a ti, aunque sé muy bien en donde descansan tus cenizas, aunque no sé si te fuiste, o te quedaste escondido mientras la locura me revuelca en la orilla de la playa del olvido.

Tu ausencia si me encuentra, mientras la madrugada se desaparece.

Te escribí mil poemas que se convirtieron en polvo, en silencio.

De la muerte supe desde niño, que siempre estaría cerca, que siempre estaría ahí, aunque yo cerrara mis ojos podía verla, sobre la noche, o en la mañana, o cuando fuera la madrugada y se desvanecería, he sido testigo de su actuar y su mecanismo, me quedo en silencio, te extraño con lágrimas de polvo en mis pupilas.

Dónde te buscaré, estos años aun te esperaba llegar, aunque sabía bien que ya no sería posible.

De la muerte entendí que todo es o no se es, que todo pasa o no pasa, que todos se olvida o no se olvida, que todo se corta o unido permanece.

No te encuentro en ese pensamiento, estas en expansión por el vasto universo, estás en expansión por el cosmos de los pensamientos, de las noches, de las palabras infinitas que uno busca cuando quiere explicar todos esos demonios que existen, cuando uno quiere explicar todos esos vacíos que se quedan.

Mis lágrimas han diseñado un sendero de pensamientos, de búsqueda, de encontrar la esencia que dejaste en la vida, en mi vida, fueron reflexiones y pensamientos, sentimientos, anhelos, ¿dónde te buscaré?, en mis sueños te veo y desapareces, te escucho y la voz se pierde, en la madrugada en la noche de polvo, y las lágrimas que nada detiene su caída, ni la ley de gravedad misma.

Soy un átomo tuyo.

Soy silencio que deja su mirada en la madrugada.

Te escribí mil poemas que se fueron desintegrando al pasar de los años, al pasar del silencio, a pesar de que el incienso se quemaba lentamente, y tu mirada y tú bendición nunca me dejó, ni dejaron de verme.


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