DE
CARNE Y PLATA
Por:
Arturo Cruz Flores
De
Carne y Plata
Arturo Cruz Flores
“El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras son
igual de importantes
en la cultura mexicana que Rivera, Orozco y Siqueiros”.
Dan Madigan
Productor de televisión estadounidense, autor y guionista
La lucha libre ha
tenido un lugar importante en el mundo, tanto en Estados Unidos, Japón y desde
luego México, donde esta disciplina deportiva y espectacular ha dejado pauta a
una serie de mitos, leyendas y simbolismo que ha permitido que incluso se
desarrolle y se cree un universo en lo particular, que atrae a las miradas más
curiosas, y a las muradas más villamelonas a esta dimensión la que cautiva a
niños, niñas, y a sus familias completas.
Nadie sabe en qué
momento surge algo que trasciende, nadie sabe en qué momento una herencia se
notará en un lugar específico, no, ni el más hábil y desarrollado oráculo podría vislumbrar el
futuro de un niño que llegaría a portar nombre y equipo de su familia, no, no
hay nadie, ni Carlos Monsivais gustoso de este deporte espectáculo contemplaría
quien es ídolo y quien sería leyenda.
Es como desarrollar
un poder, pero por el mismo destino es casi imposible que uno sepa, quien será
ídolo, quien será leyenda, no, no se puede saber.
Así también nadie
puede vislumbrar el mañana, ni Kaliman, ni Walter Mercado, ni Moni Vidente, pueden
usar sus facultades sobre humanas y pueden apuntar con el dedo índice y decir,
ese niño o niña, podrá ser un legendario gladiador, no, no se puede, nadie en
este planeta vislumbra de manera efectiva el futuro, me imagino de pronto el mundo de las
apuestas, la gente con poderes de
vislumbrar el futuro haciendo apuestas.
__ Tengo una
corazonada dale 7 mil pesos a Rayito Azul, lo presiento
Diría con seguridad
algún oráculo que vislumbre el futuro, y sepa que Rayito Azul va a ganar.
Pero no, nadie existe
en la faz de la tierra que adivine quien será una leyenda, en algún deporte. Es
más ni la vasta experiencia del Doctor Alfonso Morales pudiera decir, apuntar,
y asegurar que se niño, o que ese joven será más taquillero que su propio padre
o que su propio abuelo, en las arenas de lucha libre.
Así las cosas de la
premonición, mientras en la arena de lucha libre que se llama Arena Villamelón,
había transcurrido una de sus habituales funciones de lucha libre,
tradicionales de los martes,
Si cada semana, la
gente que no era mucha llega a disfrutar de estos encuentros, niños emocionados
que piden a sus papás las máscaras de nuevos personajes que han surgido, Fénix,
Carístico, Pentagón, entre otros, los niños emocionados que van por su
autógrafo.
Aunque muchas veces
se pierde el autógrafo en sus ropas, cuando llegan los niños a sus casas y sus
papás no cuidan el papelito en donde le firmaron los luchadores, y después
llega al olvido ese hecho de la firma.
La función había
terminado.
Los vestidores de la
arena que se llamaba Arena Villamelón, se vaciaban, se quedaban poco a poco
fuera de gente, uno de los luchadores que se presentó esa noche llevaba su
equipo, la capa de color plata con cobertura de terciopelo roja, que llegaba de
cuello a los tobillos, sus zapatillas plateadas, y esa tapa, cuyo diseño, se
encontraba inspirado en su abuelo, y usted amable lector, se preguntará ¿quién es
su abuelo?, pues nada más que Don Rodolfo Guzmán Huerta, el legendario Santo,
el Enmascarado de Plata.
Ahí en esa arena
llamada arena Villamelón, estaba este heredero, tercera generación, nieto del
Enmascarado de Plata se nombra Axel, y así aparece su nombre en los carteles de
lucha libre donde se anuncia su presencia,
mientras él estaba atendiendo a sus aficionados, pues ha tenido un gran
mito, él siempre atiende a toda la gente, así lo conocen, nos e va hasta que el
último niño reciba su “apapacho”, con la mano derecha en la mejilla derecha,
hasta que el de la máscara de plata no dé, el último autógrafo.
Ese era el mito, que
decía la gente, Axel se brinda al público decían, regala su tiempo de claridad
con los aficionados, fotos, abrazos, firmas de autógrafos, breves charlas, así era y es él, y la afición
siempre se lo reconocía, porque no es fácil ni sencillo, ser humilde y amable
con el público siendo estrella de los cuadriláteros.
Ahí también estaba la
esposa de Axel, y el pequeño hijo de ambos, mientras el tiempo avanzaba, la
noche moría en ese ambiente de pepitas fritas, refrescos y papas fritas, una
reportera, hablaba con la esposa de Axel, Karla García, quien además ella es
hija del legendario gladiador Huracán Ramírez, había historia sin duda,
leyenda, sin duda, una familia que respiraba, cena, come y desayuna lucha
libre.
El niño, andaba entre
las butacas, veía a los luchadores pasar y salir de los vestidores, el niño
veía como toda la gente quería sacarse la foto con su papá, el niño había
estado ahí durante toda la función con su mamá, igual que la reportera que
hablaba con ella, y veía al niño, y pensaba.
__ Es el bisnieto de
El Santo, del enmascarado de Plata y nieto de Huracán Ramírez.
La reportera volteó a
ver a Karla, y le comentó si el pequeño ya estaba entrenando.
__ Jamás en la vida,
el niño será como el papá, hemos sufrido mucho.
Dijo Karla con
carácter de mamá preocupona.
La reportera volteó a
ver a Karla, pensó que era exagerado eso, que el niño debería seguir sus
instintos familiares, sería una cuarta generación de luchadores.
El niño continuaba
entonces con su análisis, mientras los adultos estaban en su mundo de adultos,
el niño pensó en caminar hacia el ring,
pensó que llevaría uan de las capas de su papá, o de su abuelo, de esas
capas de luchador que solo se ven bien, con las personas que dan fina estampa,
es decir, que con las personas que lucen un equipo así, el niño se contempló
así mismo.
Quizás ni Moni
Vidente, ni Kalimán, ni Walter Mercado, hubieran visto este futuro, no, nadie
se lo hubiera imaginado.
En la mente del niño
se proyectaban aplausos, gritos, porras, hasta el nombre de Santo, Santo,
Santo, se escuchaba en su mente, volteaba entonces al ring, y veía a su mamá,
mientras ella seguía en la charla con la reportera, no era la primera vez,
el niño ya había
sentido eso.
El niño se zafó de la
mano de la mamá y echo a caminar por el pasillo, la capa larga de color
plateada con terciopelo rojo, la traía de pronto, amarrada a su cuello, esa era
su favorita, esa le gustaba al niño, mientras caminaba hacia el ring, pero la
capa, solo existía en su imaginación, la favorita, la que a él le gustaba,
también usaba zapatillas de color plata, los pantalones y la máscara le
convertían en su abuelo, el niño ya no era el niño si no que era su abuelo,
mientras caminaba hacia el ring.
Así su mente del niño
que ya no era el niño. Y caminó, por el pasillo de las luminarias, pero el miró
a su mamá, y de pronto en su mente recordó cuando lo regañaban cuando le
llamaban la atención, de que usaba las cosas de su papá sin permiso y las
jugaba, pero algo muy fuerte le hizo voltear hacia el ring, ahí depositó su
mira.
La mamá y la
reportera hablaban de la negación de que el niño siga los pasos delos abuelos,
y siga los pasos del padre.
___ No lo hará.
Estamos seguros, queremos que se desarrollé en otros ambientes, que sea un
estudiante entregado, eso queremos, eso buscamos, que con nuestro amor, logre
cumplir cualquier cosa que él se proponga.
De pronto el niño
siguió caminando por el pasillo, llegó al ring, sus pequeñas manos agarraron la
lona roja que rodea la estructura, miró por todas partes, como buscando, y sin
buscar.
Mientras la mamá,
atendía a la reportera, y el papá atendía a los aficionados, y el pequeño tomó
impulso, y se agarró de la lona y subió, entonces llegó a la orilla del ring.
Desde esas alturas el
niño miró hacia todos lados, como checando sus dominios.
Y levantó las manos
con enjundia, miró hacia todos lados otra vez y entonces gritó
___ ¡Vuelo!
Pero apenas si el
niño gritó, el papá envuelto en su máscara de plata, se aventó, y pudo
interceptar la trayectoria con sus brazos, el niño se elevó, surcó el aire, y
se impactó al cuerpo de su padre, ahí él levantó las manos, y miró al público,
bueno miró a las butacas que estaban vacías, y en donde en su mente se imaginó,
y este había sido el primer vuelo del nieto de Huracán Ramírez y el bis nieto
del Enmascarado de Plata, el Santo.
La mamá con algo de
angustia dibujada en el rostro, recibía
en sus brazos el cuerpo del niño, quien ya no usaba la capa imaginaria de plata
con terciopelo rojo, el pequeño quien se había quitado la máscara imaginaria de
su papá que le quedaba enorme, y fue depositado en el piso por la mamá.
El orgulloso papá vio
a su compañera sentimental, en medio de esa mirada cómplice estaba la
periodista, quien había sido testigo del nacimiento de una figura, quizás de
una leyenda, quizás la cuarta generación de una familia dedicada a la lucha
libre, o quizás sólo fue testigo del llamado de la sangre.
Nadie sabe en qué
momento surge algo que trasciende, nadie sabe en qué momento una herencia se
notará en un lugar específico, no, ni el más hábil y desarrollado oráculo podría vislumbrar el
futuro de un niño que llegaría a portar nombre y equipo de su familia, no, no
hay nadie, ni Carlos Monsivais gustoso de este deporte espectáculo contemplaría
quien es ídolo y quien sería leyenda.
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